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Covid-19 y el distanciamiento social

Sin lugar a dudas para los días por venir el tema global seguirá siendo la crisis sanitaria por el coronavirus Coiv-19 y sus efectos en la economía. Al momento de escribir este reporte ya son 153.503 personas confirmadas con la afección; de estas 72.060 se han recuperado y 5.614 han fallecido.

El impacto en la economía ya se deja sentir con cierre de museos, atracciones turísticas, eventos deportivos, cierre de fronteras, suspensión de vuelos internacionales, cancelación de viajes en crucero, prohibiciones para realizar eventos públicos, cierre de centros comerciales y hasta toques de queda nocturnos. Algunas empresas privadas como Facebook y Google han anunciado importantes aportes económicos para ayudar a combatir el flagelo.

En medio de esta epidemia el precio del barril del petróleo se desplomó. En días previos la OPEP+ sostuvo una reunión con el fin de acordar si cuando -a finales de marzo- venza el convenio previo de reducción de producción de petróleo este se podría mantener o incluso aumentar el volumen reducido. Sin embargo, los países no lograron ponerse de acuerdo.

La reducción global de la demanda de energía debido al Covid-19, incluyendo por supuesto petróleo, hace que los precios del barril de petróleo se reduzcan y con ello el monto de los ingresos que por exportaciones reciben los países productores y exportadores.

Por ello la alternativa viable para mantener el presupuesto nacional para varios países productores es aumentar las ventas y no reducirlas como pretendía la OPEP+.

De esta manera se espera que al final de marzo tanto Arabia Saudita como Rusia incrementen el bombeo de crudo. Esto se haría en un marco global de rebaja de demanda ante la caída de la economía en general producida por los temores del Covid-19, como ya indicamos.

Esta es una explosiva combinación. Por un lado una rebaja en la demanda pero a su vez un aumento en la oferta. El resultado fue un dramático recorte en el precio del barril que no se veía desde 1991.

Para Costa Rica la noticia puede resultar ambigua en sus resultados. Por una parte la rebaja en el precio de nuestra principal materia prima importada permitirá dedicar menos cantidad de dólares a atender esta factura. La rebaja en la inflación sería uno de los efectos, pero esta es ya de por sí bastante baja. Por otro lado sobrarán dólares en la economía lo que pone presión a la apreciación del colón por lo que saldrían afectados el sector exportador y el sector turismo.

La rebaja en el costo de las gasolinas puede sonar positivo para el consumidor global y en especial el estadounidense, mercado que se constituye en el más estratégico para nuestro país. Si el consumidor redirige las rebajas del precio de la energía a consumo esto resultaría favorable para las exportaciones costarricenses y posiblemente para el turismo. Si por el contrario -ante los temores de la crisis sanitaria- los consumidores deciden dedicar los recursos al ahorro no habrá estímulo real a la economía, más que una rebaja adicional en las tasas de interés.

Aquellos deudores que tengan créditos en dólares podrán verse favorecidos por la potencial rebaja en el tipo de cambio. Quienes ahorran en moneda extranjera por el contrario verán afectado el resultado colonizado.

La rebaja en el precio del petróleo está alimentada, por una parte, por la guerra petrolera indicada pero, por otra parte, por la reducción de la demanda global. Si este último efecto gana la balanza estaríamos frente a un complicado panorama en el cual de nada valdrá la rebaja en el precio del petróleo.

El Banco Central ha declarado que intervendrá en el mercado cambiario en la medida que este muestre altas volatilidades pero ante el panorama previsto tendrá que redoblar esfuerzos para evitar una agresiva apreciación del colón que afecte a dos de los sectores más dinámicos del momento como lo son los exportadores y el turismo. Aún está vigente el programa de compra de divisas que se lanzó en noviembre pasado, ha utilizado la mitad del programa. Es posible que de ser necesaria la Junta Directiva del Banco Central autorice un nuevo programa.

El Banco Central puede adicionalmente realizar una reducción adicional en el encaje mínimo legal con la finalidad de aumentar la liquidez en el medio. Sin embargo, no solo será un tema de oferta de recursos. La demanda, a través de créditos privados para consumo o producción, es la otra parte que se requiere para que cierre la pinza. El temor por la condición actual del mercado, con todas sus incertidumbres, mantendrán bajo el nivel de demanda de créditos.

Otra medida que podría tomar el BCCR es una rebaja adicional en la tasa de política monetaria para lograr un efecto similar al señalado de previo. En este caso el efecto se sentiría en la economía varias semanas en el futuro por lo que el impacto actual sería mínimo.

Por el lado fiscal las condiciones son aún más restringidas pues el Gobierno no tiene margen para utilizar recursos fiscales para poner en marcha algún programa de apoyo, tanto por el lado de aumento del gasto público como de rebajas impositivas.

Las autoridades poco pueden hacer desde el frente monetario o fiscal para luchar contra un pánico producido por un virus. En el mejor de los escenarios pueden mitigar sus consecuencias.

Por ahora el mejor método probado y comprobado para frenar la propagación del virus es evitar la proximidad o el contacto cercano entre personas. Es lamentable comprobar que el virus está fomentando el distanciamiento social en diversas formas.

Vidal Villalobos Rojas, economista.




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